Según la terminología marxista,
el modo de producción capitalista es aquel propio de las sociedades
capitalistas surgidas luego de las Revoluciones Burguesas que acabaron con el
modelo feudal del medioevo. Según los postulados de Marx, su propia dinámica
interna lo conduce a la extinción y al surgimiento final del comunismo.
El modo de producción capitalista
es considerado por los estudiosos no marxistas como un sistema económico, en el
que el valor de los bienes y servicios se expresa en términos monetarios, los
mismos en los que se recompensa a las personas por su trabajo.
En cambio, para la ortodoxia
marxista el capitalismo es el modelo económico en que la burguesía detenta el
control de los medios de producción. Pero además es un modelo de organización
social, político y económico.
Recordemos que la burguesía es la
clase social intermedia entre los siervos campesinos y la aristocracia
terrateniente. Surgió al final del período medieval, junto al mercantilismo,
las dinámicas de intercambio internacional de mercancías, pero también
revolucionarios avances en la tecnología, la ciencia y la cultura.
Todas estas novedades cambiaron
para siempre el modo en que se satisfacían las necesidades humanas, desplazando
el foco del trabajo rural al comercio urbano. Así, el modo de producción
capitalista es el sistema propio de una época industrial, en la que el capital
ha desplazado en importancia a la tenencia de tierras.
Características del capitalismo
De acuerdo a la interpretación
marxista tradicional, el capitalismo funciona en base a dos pilares. Por un
lado, el control de la burguesía de los medios de producción (fábricas, por
ejemplo). Por otro lado, la alienación de los trabajadores de su labor productiva,
es decir, que estos últimos sienten ajeno el trabajo que realizan.
De ese modo, los burgueses pueden
explotarlos, pagándoles a cambio de su trabajo un salario, pero aprovechando la
plusvalía: el valor añadido que las labores del trabajador le incorporan al
producto final. Dado que ese valor agregado excede por mucho al salario del
trabajador, la relación de trabajo beneficia únicamente de la burguesía, que
además realiza el esfuerzo.
En términos más simples, el
capitalismo consiste en el intercambio del tiempo y de la capacidad de trabajo
de los trabajadores, por un salario calculado por hora y por complejidad de las
labores a desempeñar. El salario nunca superará las ganancias del dueño de la
fábrica, que invierten en ella el capital y a veces la jefatura, pero no el
trabajo.
De dicho arreglo el trabajador
obtiene dinero para consumir bienes y servicios, mientras que el burgués
obtiene ganancias que puede reinvertir en el negocio (o hacerlo crecer) y
dinero para su propia subsistencia. El conjunto de los trabajadores se denomina,
como clase, proletariado.
Semejante arreglo socioeconómico
no sería posible sin la existencia de la propiedad privada, dado que la
burguesía es dueña de los medios de producción, y por ende decide quién trabaja
y quién no. Sin embargo, los términos en que el trabajo se dará son negociados
con sus trabajadores (sindicatos, gremios, etc.) y con el Estado (idealmente).
Origen del modo de producción capitalista
El capitalismo como sistema
surgió después de la caída del feudalismo en el siglo XV. La expansión imperial
de las principales potencias europeas hizo circular grandes dimensiones de
mercadería de otras regiones del mundo. Así nació la burguesía como una nueva
clase social que había derrotado a la aristocracia terrateniente del medioevo.
Esta clase de comerciantes de
origen plebeyo, pero poseían capitales. Así se convirtieron en los dueños de
las primeras empresas que cambiaron para siempre el modo en que se producen los
bienes y servicios en el mundo.
Impulsaron cambios de tipo
científico, espiritual y político que llevaron a las llamadas Revoluciones
Burguesas, cuyo punto climático fue la caída del absolutismo monárquico (con
Revoluciones como la Revolución Francesa en 1789, o con transiciones
paulatinas) y el inicio de las repúblicas democráticas capitalistas que
conocemos hoy.
Ventajas del modo de producción capitalista
Las ventajas del capitalismo como
sistema son notorias, tanto como sus desventajas. El aspecto positivo del
sistema puede resumirse en:
- Efectividad y flexibilidad. A lo largo de sus pocos siglos de vida, el sistema capitalista ha sabido generar riquezas y adelantos vertiginosos en aspectos científicos, técnicos y económicos, y al mismo tiempo adaptarse a ellos, cambiando con los tiempos y sosteniéndose invicto hasta hoy.
- Liberalidad. El capitalismo requiere de importantes cuotas de libertad económica e individual, para hacer posible el emprendimiento, el riesgo empresarial y el surgimiento de nuevas iniciativas. En ese sentido, ha tendido a ser más o menos liberal, o sea, a tolerar más o menos la intromisión del Estado en las dinámicas que, idealmente, tendría que regular la “paz del mercado” o la “mano invisible” del mercado. La existencia real de esto último es materia de debate.
- Permite el movimiento de clases. La tenencia de dinero, en principio, no está sujeta a ningún otro tipo de condiciones humanas, como era la sangre en el caso de las sociedades de castas, y a efectos prácticos importa poco al mercado económico qué tipo de valores profese un capitalista. Esto permite que las clases inferiores puedan, en teoría, ascender a medida que acumulen capitales, y a las superiores descender, a medida que pierdan su capacidad de hacerlo.
Desventajas del modo de producción capitalista
Por otro lado, las desventajas
del capitalismo también son dignas de mencionarse:
- Permite los monopolios y la competencia desleal. Justamente el talante liberal del capitalismo tiende a permitir la concentración de capitales y, por ende, de poder en las manos de unos pocos, que controlan el mercado y pueden competir deslealmente con los demás, formando así monopolios en los que pocos se enriquecen.
- La distribución desigual de riqueza. Ya que la clase social no está determinada por la sangre ni por otros factores, sino por la cantidad de dinero que tenga la familia, las generaciones venideras vienen al mundo en franca desigualdad de oportunidades, fruto de la concentración de la riqueza en quienes más capitales tienen, ya que el dinero al circular, genera más dinero, enriqueciendo a pocos en detrimento de muchos.
- El consumismo. La sociedad generada por el capitalismo está centrada en el consumo y en la obtención de capitales, a menudo olvidando lo que eso realmente significa y quedando atrapada en un espiral de consumo innecesario, comprando por comprar o para subsanar otros aspectos espirituales no considerados en la ecuación.
- El daño ecológico. La actividad industrial es el corazón del sistema capitalista, que durante casi un siglo se entregó a la explotación de los recursos naturales sin tomar en consideración otros aspectos fundamentales, como el impacto ecológico que el vertido de sustancias de desecho industrial tenía. Así, a finales del siglo XX e inicios del XXI, el cambio climático y las catástrofes ecológicas se asoman en el horizonte futuro cercano, exigiendo cambios radicales e inmediatos en el modelo de producción capitalista.

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